Este blog forma parte de la iniciativa "Ciudad Filosofía" recogida en la web (enlazada en el menú de arriba), pero está dedicado exclusivamente a resaltar las acciones enfocadas a la defensa de la educación de esta disciplina en la ESO y Bachillerato.
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jueves, 6 de junio de 2013

Tertulia de Té y Filosofía

Este próximo sábado, 9 de Junio, a las seis de la tarde, y en El Carro de Tespis de Sax (C/ Yecla, 15), tendrá lugar una nueva Tertulia, inscrita en el ciclo Té y Filosofía de Alerta Filosófica.

Para esta reunión os proponemos el siguiente tema: a veces se dice, en teoría social y política, que hay un conflicto, quizás imposible de resolver, entre Libertad y Justicia. Si permitimos que cada individuo sea lo más libre posible (especulando y enriqueciéndose, por ejemplo) eso provocará grandes desigualdades, que no son justas (dirán algunos). Si queremos garantizar la Justicia, tenemos que restringir la libre iniciativa de los individuos. Se suele decir que, mientras los países liberal-capitalistas optan por la Libertad, los socialismos optan por la Justicia.
Otros no creen que Libertad y Justicia sean incompatibles. Algunos, porque creen que lo único justo es la máxima libertad; otros, porque creen que solo se puede hablar de verdadera libertad donde y cuando está garantizada la justicia.
Parece que, para aclarar este asunto, es necesario pensar en qué consiste la Libertad, y la Justicia.
¿Quieres opinar, debatir, o simplemente escuchar qué opinan otros sobre este asunto (y cuantos se nos ocurran al hilo)? Pues pásate por El Carro de Tespis de Sax este domingo, a las seis.

domingo, 24 de marzo de 2013

Té y Filosofía en Sax, 24 de marzo


Os invitamos, desde Ciudad Filosofía, a la Tertulia del domingo, 24 de marzo de 2013, que tendrá lugar en El Carro de Tespis, de Sax. La cuestión que os proponemos esta vez es la siguiente: ¿qué lugar es razonable que ocupen las creencias religiosas en la vida, privada y pública?

Empezando por lo privado: ¿es razonable que una persona tenga creencias religiosas? ¿Qué papel juegan en la vida de uno? ¿Se nota o debería notarse eso en su manera de vivir y de comportarse? Y, en cuanto al aspecto público o político, quizás más polémico, ¿qué lugar debe ocupar la religiosidad en la vida pública? ¿Es razonable que las convicciones y actitudes religiosas influyan en la sociedad y la política? ¿Cómo es más razonable canalizar esa influencia? ¿Hasta dónde debe llegar la tolerancia ente concepciones religiosas dispares?

De esto y de cuanto se os ocurra, discutiremos el domingo. Os esperamos.

sábado, 9 de marzo de 2013

Recuerdo de la tercera tertulia de Té y Filosofía, 3 de marzo del 2013


El pasado domingo, 3 de marzo, desde las cinco y media hasta las ocho y pico, estuvimos , en La Taifa de Villena, discutiendo si hay (o hay que creer que hay) ciertos valores morales que son universales e independientes de esta o aquella cultura, de manera que puedan reclamar ser reconocidos y respetados por todos.

Desde pronto afloró la aporética usual de esta discusión. Mientras a varios les parecía que hay ciertos mínimos que son exigibles a todos (por ejemplo, los que se recogen en los Derechos Humanos), otros (o los mismos a ratos) veían que es muy difícil justificar por qué esos valores deberían ser reconocidos por todos. ¿No serán fruto de la educación de la sociedad en la que nos ha tocado vivir?

Porque ¿en qué podríamos basar la necesidad y objetividad de esos valores? Parece que esto es distinto de lo que pasa en la Ciencia, donde, todo lo que se afirma, se puede comprobar experimentalmente, y la verdad no tiene más que un camino… ¿o no? Porque algunos pensaban que en la Ciencia opera también el relativismo. Quizás nos parece que la Ciencia moderna es la única opción porque es la nuestra. ¿Por qué rechazar las formas de ver el mundo propio de otras culturas, que usan otros criterios de conocimiento, quizás irreducibles a los de la Ciencia? ¿Es siquiera la Lógica, algo universal, o puede haber pensamientos completamente diferentes, “ilógicos” (para nuestra perspectiva)?

Se propuso que podría basarse los valores morales comunes en la “empatía”. Quizás si dejásemos más espacio a los sentimientos, y a su educación, todos seríamos capaces de ponernos en el lugar del otro, y eso nos llevaría a ciertos valores compartidos. Pero tampoco esto carecía de dificultades. Tal vez nuestros sentimientos siempre están contaminados por el entorno cultural, y no nos dirían lo mismo a gentes diferentes.

También se propuso que podía bastar con un consenso social, que, aunque no sea perenne, sostiene mientras dura una cierta universalidad de algunos valores. Ahora bien, ¿un consenso humano es suficiente para “obligar” a los disidentes de ese consenso a compartir esos valores? Y ¿en qué se basa ese consenso?

Alguien planteó la posibilidad de que se entendiesen, los Derechos Humanos, como algo que nos “funciona” y mientras funciona (como hacemos, se dijo, con la Ciencia). Todos buscamos ser felices, y esos acuerdos de mínimos nos garantizan conseguirlo lo más posible a todos o al mayor número.

Otro asunto que se discutió es si el hecho de que sobre cualquier valor imaginable existirá siempre gente que disentirá, prueba que no hay valores universales. Algunos decían que esto no es un buen argumento: cabe la opción del error moral, o sea, que la disensión se explique porque al menos uno de los que disienten está equivocado moralmente. ¿No creemos todos que hay personas que son referentes morales o “maestros”?

Otro asunto: Quienes creen que existen valores absolutos ¿son aquellos que piensan que son ellos quienes están en posesión de los valores correctos? ¿Y no es esto lo mismo que los credos religiosos? No necesariamente, argumentaban otros: uno puede creer que existen valores universales, sin creer que él está en posesión de ellos (aunque sí en posesión de los criterios correctos para alcanzarlos), ni basarse en ningún credo religioso.

En fin, muchos asuntos, y todos muy interesantes, despertaron un vivo debate el domingo, en la tercera de las tertulias de Té y Filosofía. Lo que prueba que la Filosofía está en la ciudadanía, y es connatural a ella.




jueves, 21 de febrero de 2013

Próxima Tertulia de Té y Filosofía: ¿todo depende?

Os invitamos a la tercera tertulia (la segunda se realizó en Sax) de Té y Filosofía, actividad promovida por el grupo Ciudad Filosofía con el ánimo de alentar el pensamiento y el diálogo entre las gentes, y que tendrá lugar en el café La Taifa (calle El Hilo, 5) de Villena a las 5.30 de la tarde del Domingo 3 de Marzo.

 Esta vez os proponemos la cuestión siguiente: ¿hay valores universales, que todos compartimos o deberíamos compartir; o bien todos los valores (sean estéticos, morales, o del tipo que sean) son fruto de cada cultura, y no tienen, por tanto, por qué ser compartidos por los individuos de otras culturas?

Los zoé, pueblo indígena de la Amazonía, llevan un voluminoso palo cónico de madera atravesando su labio inferior, y les parecen feos quienes no lo llevamos. A la mayoría de los europeos, en cambio, les parece poco estética su costumbre. ¿No hay nada bello o feo en sí, bello por naturaleza, más allá de lo que valore cada cultura? ¿Tiene razón el relativismo estético?

Algunos indios americanos creen que ellos proceden de la tierra, mientras que los arqueólogos aseguran que proceden de migraciones asiáticas. ¿No hay nada más verdadero que nada, sino que la verdad es cultural y relativa a cada conjunto de creencias? ¿Tiene razón el relativismo epistemológico? 

 En nuestra cultura, educada en la familia monogámica, la promiscuidad sexual, o la poligamia, están mal consideradas; en cambio, en otras culturas están bien vistas y lo que se ve extraño es, por ejemplo, la monogamia. ¿Es una cuestión relativa a la cultura en la que cada uno se ha educado, o hay realmente algo que haga o pueda hacer superior una moral sobre la otra? ¿Tiene razón el relativismo moral? 

 Un ejemplo más: en la cultura occidental contemporánea se va imponiendo, poco a poco, la idea de que las mujeres deben gozar de los mismos derechos que los hombres; en otras culturas (e instituciones religiosas, por ejemplo) la mujer ocupa, en cambio, un lugar completamente subordinado. En algunas de ellas existe aún la costumbre antigua de la mutilación genital femenina (ablación del clítoris). ¿No es ni mejor ni peor, en términos absolutos, lo uno que lo otro, la igualdad de derechos que el sometimiento de la mujer?

 La carta universal de los Derechos Humanos dice que todas las personas del mundo, independientemente de su sexo, religión, condición social, etc., tiene los mismos derechos fundamentales e inalienables. ¿No será esto una creencia meramente occidental, que intentamos imponer por la fuerza a las demás culturas? ¿No será que los valores universales los imponen los más fuertes? ¿Cómo sería la carta universal de Derechos Humanos, si la escribiesen los aborígenes de Nueva Zelanda? ¿Deberíamos ser más tolerantes, y permitir que cada cultura se organice como prefiera? ¿Nos ayuda la creencia en el relativismo moral, por ejemplo, a ser más tolerantes?

 De estas y de cuantas preguntas surjan, trataremos en la tertulia. Estáis todos invitados, seáis de la cultura que seáis.

martes, 29 de enero de 2013

1ª Tertulia en bares "Té y Filosofía" ¿Son más felices los ignorantes?



El domingo 27 de Enero, a las cinco y media, en el local La Taifa, tuvo lugar la primera tertulia de Té y Filosofía, iniciativa promovida por Ciudad Filosofía con la finalidad de llevar la reflexión filosófica a la ciudadanía o, más bien, encontrarla allí. Un grupo bastante nutrido y heterogéneo de personas (muchos jóvenes, pero también bastantes menos jóvenes, hablando en calidad de iguales) le dimos vueltas a la pregunta que nos congregaba: ¿sirve el conocimiento para algo?, ¿son, por ejemplo, más felices los ignorantes, los que no se preguntan? El ambiente fue muy amistoso, y el diálogo, auténtico diálogo: había argumentos, preguntas, intuiciones, poesía, pasión…: pensamiento.

Fueron muchos los aspectos del asunto que se abordaron. Sin pretender seguir un orden cronológico ni exhaustivo, recordamos que se discutió, por ejemplo, de si una búsqueda o investigación de qué somos y cómo son las cosas, nos garantiza una mayor felicidad o más bien lo contrario. Había “pesimistas” que creían que, aunque resulte apasionante adentrarse en pensamientos que van más allá de lo rutinario y ya sabido, es un camino que seguramente no lleve a un estado de mayor satisfacción, porque tal vez nunca encontraremos las respuestas. Otros, en cambio, pensaban que, gracias, por ejemplo, al estudio de la filosofía, su vida era más densa y feliz. Estuvo muy presente el existencialismo, que nos ve “condenados a ser libres”, lo cual, por un lado, nos hace “especiales”, destinados a un proyecto completamente indeterminado y propio, pero por otra parte quizás nos aboca, al final del trayecto, a un vacío sin esperanzas. En otros términos, se discutió qué relación hay entre nuestra naturaleza cultural y la naturaleza natural que mediante la cultura abandonamos, al menos en parte.

Se planteó también si la felicidad era un objetivo al que habría que subordinar todos los demás. Algunos pensaban que no, porque no estaría justificada una felicidad que dependiese de una vida inconsciente, o de una vida basada en injusticias (por ejemplo, el trabajo esclavo de otras personas). Deberíamos, decían algunos tertulianos, ser conscientes de lo que pasa, y no vivir una felicidad ficticia, manipulada, programada. Menos gente abogó por que la felicidad, si era verdadera felicidad, justificaba cualquier medio para conseguirla.

Otros sugerían que seguramente es imposible ser feliz sin ser libre y consciente. ¿Eran felices las mujeres cuando carecían y donde carecen de casi cualquier derecho civil? ¿Lo son los ciudadanos en una situación sociopolítica deficitaria en democracia y derechos? Quizás saben que se podría ser más felices de lo que son, pero, o bien no conocen los recursos para conseguirlo o bien creen que la apuesta es demasiado arriesgada y prefieren someterse a lo malo conocido. En relación con esto, varios asistentes reivindicaron la necesidad de definir la felicidad, y de entenderla de una manera más plena u “holística” que un cúmulo de satisfacciones puntuales e inconexas.

Se discutió, también, qué relación creemos que hay entre la capacidad emocional y la racional: ¿puede, una persona con deficiencia cognitiva, sentir emociones tan intensas y complejas como las que puede sentir un genio, o bien la capacidad para sentir ciertas emociones va necesariamente unida a la capacidad para cierto nivel de consciencia cognitiva? En el límite: ¿puede un ser inconsciente (cognitivamente inconsciente) ser feliz? También acerca de estas preguntas hubo amistosa disensión.

En lo que todos o casi todos estuvimos de acuerdo fue en que asistir a aquella tertulia de unas dos horas y media que parecieron unos minutos, nos había hecho más felices y quizás algo más conscientes. Así que creímos que sería buena idea repetir esto de vez en cuando, sin un calendario preciso pero con asiduidad. Los asistentes pueden sugerir los temas de las próximas tertulias de Té y Filosofía dirigiéndose a nuestra página web. Se animó, también, a llevar este tipo de eventos a otras ciudades.